domingo, abril 21

Los profesionales que llevan a la sociedad los últimos tratamientos contra el cáncer | La suma

La innovación es una constante en el Instituto del Cáncer y Enfermedades de la Sangre (ICES) del Hospital Clínic de Barcelona. Este centro no solo se distingue por el diagnóstico y el tratamiento que ofrece sobre los diversos tipos de cáncer y de enfermedades de la sangre, sino que despunta por los proyectos de investigación en esos campos que son su razón de ser. En particular, el instituto participa en ensayos clínicos para dar con nuevos tratamientos dirigidos que buscan atacar las células tumorales sin dañar las sanas y trasladarlos a los pacientes, así como en múltiples estudios que profundizan en el conocimiento de estas complejas dolencias que no dejan de aumentar entre la población. Según las proyecciones, para 2025, en Cataluña más de 500 personas por cada 100.000 habitantes la desarrollará.

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Gracias a estos trabajos, el centro ha sido reconocido en múltiples ocasiones por varias asociaciones y organismos nacionales e internacionales. Y si alguien es responsable del éxito del instituto es su plantilla. Un conjunto de expertos en diversas áreas que van de la Medicina hasta la Física, sobre los que normalmente sabemos poco.

Por eso, esta es una ocasión para darles voz más allá de la consulta o el laboratorio y que narren sus propias historias. Para que la enfermera Ariadna Domenech nos cuente, emocionada, cómo escuchó hablar por primera vez de su profesión de boca de su madre, también enfermera. O para que el físico Jordi Sáez relate cómo un experto teórico, en las antípodas del sector sanitario, decide adentrarse en los misterios moleculares de la radioterapia en el hospital. Porque conocerlos ayuda a entender mejor la labor esencial que realizan.

Aleix Prat

Director del ICES

El diagnóstico a priori da miedo, pero en general el cáncer ya no se asocia a muerte

Tras el aspecto sosegado de Aleix Prat se encuentra uno de los mayores expertos en cáncer de mama y oncología de precisión de España. Este médico especialista barcelonés de 44 años, que ahora dirige este instituto, ha liderado varios ensayos clínicos que se han traducido en nuevos tratamientos, así como en pruebas diagnósticas innovadoras en el ámbito de los tumores mamarios.

Pese a su experiencia, Prat reconoce que uno de los momentos más críticos de su trabajo sigue siendo el de dar el diagnóstico al paciente. “A priori da mucho miedo”, reconoce, por lo que destaca que es muy importante prestar atención a la persona en esa situación pero, sobre todo, ser positivo y mantener la calma porque “en general, el cáncer ya no siempre se asocia a muerte. Una vez establecido el diagnóstico, hay que hacer una serie de pruebas para ver de qué tipo de cáncer se trata, en qué momento está y ya hablar de probabilidades de curación”, explica Prat.

En casa, la conversación sobre trabajo continúa, ya que su mujer también es oncóloga. Prat es una persona dedicada a los suyos. “Mi afición es mi familia: mi mujer y mis hijos”, puntualiza. Como pasan poco tiempo en casa, aprovechan cualquier rato libre para pasarlo juntos. Él intenta transmitir el entusiasmo que siente por su trabajo a sus hijos, porque quiere que tengan la oportunidad de encontrar su vocación como lo hizo él. “Quiero que se muevan por pasión. Si siguen el camino de la oncología, perfecto, pero prefiero que se muevan por lo que les guste, solo de esa manera surgen cosas bonitas”.

Meritxell Mollà

Jefa del Servicio de Oncología Radioterápica del ICES

En la Medicina usamos algoritmos, somos más analíticos de lo que se pudiera creer

Meritxell Mollà seguramente habría sido arquitecta si no se hubiera dedicado a la Medicina. Cuando se planteó qué quería estudiar pensó que se le daría bien “algo muy imaginativo, como la Arquitectura”, asegura desde su despacho del Servicio de Oncología Radioterápica que dirige, el encargado del tratamiento del cáncer y otras enfermedades mediante radiación y que conforma uno de los pilares del instituto. Aunque en un principio no pasó por su mente dedicarse a esto, ahora siente que ha acertado con su trabajo, “más de lo que yo pensaba”, apostilla sobre su fuerte vocación.

En su trabajo también debe aplicar, como una arquitecta, grandes dosis de creatividad, así como de matemáticas. Lo cuenta desde un espacio lleno de aparatos de última tecnología con los que trata a sus pacientes. Su trabajo como especialista en radioterapia, con experiencia en tumores cerebrales, ginecológicos, urológicos y digestivos, le lleva a relacionarse con datos y fórmulas matemáticas de una manera mucho más habitual de lo que en principio podría suponerse: “En la Medicina usamos algoritmos, somos más analíticos de lo que cree”.

Mollà se muestra inquieta, porque no está acostumbrada, asegura, a ser quien responde las preguntas, sino quien las hace. Esta especialista participa en numerosos proyectos de investigación sobre la optimización de la radioterapia y su combinación con otros tratamientos. Cuando explica en qué consiste exactamente su trabajo, se vale de una comparación con el mundo de la moda: “Es como con los trajes, si te toman las medidas te queda mejor, pues esto es lo mismo. Le hacemos un escáner al paciente en la posición en que vamos a tratarlo y de la localización que vamos a radiar”, explica.

Con una sonrisa irónica, esta jefa de servicio reconoce que es “casi imposible” despejar la mente de la rutina del hospital que para ella se basa, además del trabajo con la radioterapia, en coordinar a su equipo y en la docencia. “Hay quien no desconecta nunca”, se lamenta. Ella, por suerte, ha encontrado su propia estrategia. “Mi táctica es darlo todo durante la semana, pero del viernes por la noche y hasta el domingo por la noche, corto”, comenta. Y resignada añade: “Nunca se deja de ser médico, pero yo no lo llevo mal”.

Ariadna Domenech

Jefa de Enfermería del ICES

Las enfermeras somos privilegiadas, ponemos en marcha el engranaje de profesionales que necesitan los pacientes

Domenech escuchó hablar por primera vez acerca de su profesión por boca de su madre, también enfermera. De pequeña, le contaba lo que hacía cada día en el hospital y se sentía atraída por ello, recuerda. Sin embargo, no se decantó por esta carrera vocacional únicamente porque le viniera de familia, sino también porque le cautivaba la idea de asistir a los demás: “Buscaba algo en lo que sentirme útil”, destaca.

Pero al llegar a la edad adulta, la imagen que se había hecho de niña no era exactamente como la realidad. Domenech lo pasó mal al principio. “Recuerdo pensar el primer día de prácticas en este hospital que a lo mejor me había equivocado”, evoca. Dos décadas después lo ve todo de otra manera. Su trabajo le encanta, aunque reconoce que es muy exigente: “La oncología es una especialidad que te enamora, que te llena, te gusta y te atrapa”. Y pone el foco en la importancia de la labor que ella y sus colegas realizan: “Las enfermeras somos unas privilegiadas, movemos todo el engranaje para poner en marcha a los profesionales que necesitan nuestros pacientes”.

Ahora su misión es coordinar al equipo de enfermería que se encarga de la administración de los tratamientos, el seguimiento clínico, la educación sanitaria y el apoyo emocional a los pacientes oncológicos y hematológicos y sus familias. Una labor exigente que combina, al salir del centro, con el cuidado de sus hijos adolescentes. Estos la mantienen “muy ocupada”, pero reconoce que encuentra huecos para ella sola que invierte en la lectura y el cine, porque es importante “tener espacios para evadirte”.

Ivan Victoria

Oncólogo médico de la Unidad de Ensayos Clínicos del ICES

Me interesa estar a la vanguardia de los ensayos clínicos que se trasladan a la población

Médico meticuloso y apasionado, la especialidad de Victoria son los tumores digestivos, particularmente, el cáncer gástrico y el colorrectal, y ha participado en varias investigaciones que han ofrecido nuevos tratamientos a través de la inmunoterapia y la terapia dirigida, dos de los procedimientos más innovadores. El trato con los pacientes es lo que más le gusta de su trabajo. “La medicina te proporciona el estímulo de querer ayudar a alguien, y eso te retroalimenta”, afirma con una sonrisa de oreja a oreja. Pero también le atrae la minuciosidad de los procesos que deben seguir para llevar a cabo los ensayos.

Empezó en su profesión porque le interesaba “estar a la vanguardia de los ensayos clínicos que se trasladan a la población”. Aunque reconoce que hay barreras y tabús cuando se dedica a contar a su círculo más cercano a qué se dedica, “nos toca romper estigmas que no son reflejo de la realidad actual de la enfermedad”, dice, refiriéndose a los grandes avances que se están produciendo en el impacto de los tratamientos. Precisamente, ha sido testigo de cómo la inmunoterapia –que se basa en impulsar el sistema inmunitario para que destruya las células cancerosas– empezó como algo experimental y hoy la usan miles de pacientes.

Pese a que asegura que la medicina le colma y se entrega a ella, también habla con pasión acerca de lo que hace cuando se quita la bata: pasar tiempo con sus dos hijos pequeños. “Es lo que más me gusta”, confiesa. Ellos son, además, el remedio perfecto para superar cualquier problema en el trabajo. “Tienen la capacidad de que, si he pasado un mal día, en dos minutos consigo evadirme. Estar juntos es algo bueno para ellos y a mí me encanta y me apasiona”.

Jordi Sáez

Físico Médico del Servicio de Oncología Radioterápica del ICES

Ser físico en el hospital me permite ofrecer un beneficio a la sociedad

A los 10 años, Jordi Sáez soñaba con entender la naturaleza, “por qué sucedían las cosas”, recuerda. Hoy se ha convertido en un físico que pasa las horas desentrañando esos secretos en el servicio de Oncología Radioterápica del Clínic. “¡Era apasionante, y sigue siéndolo!”, exclama. El trabajo que hace no es muy conocido por la sociedad: ¿qué pinta un físico en un centro médico? La respuesta se encuentra en los tratamientos por radiación, como la radioterapia, una parte importante en muchos de los procesos contra el cáncer. “[La radiación] es un elemento presente en la naturaleza. Lo que hacemos es depositar una energía en el paciente que utilizamos para matar las células cancerígenas”, explica.

Sáez es un experto en el diseño y la verificación de los planes de tratamiento con radioterapia, así como en el control de calidad y la seguridad de los equipos e instalaciones. “Debemos alcanzar la máxima exactitud en los cálculos de la dosis que vamos a impartir al tumor para respetar las recomendaciones y no hacer daño”, describe.

Antes de trabajar en este centro no se había planteado esta especialidad. “Siempre he sido físico teórico y nunca pensé trabajar en un hospital. Es una elección muy interesante porque nos permite ofrecer un beneficio a la sociedad y, a la vez, investigar”, celebra. En definitiva, este físico acostumbrado a comprender cómo y por qué suceden las cosas, se alegra de no haber perdido la capacidad de sorpresa que tenía cuando era niño, aunque ahora sea entre máquinas de radioterapia y análisis de tratamientos para reducir el cáncer.

Créditos

Coordinación editorial: Francis Pachá y Javier A. Fernández

Redacción:  M.T.

Fotografía: Óscar Corral

Programación: Rodolfo Mata

Diseño:  Juan Mayordomo  

Coordinación de diseño: Rodolfo Mata

Guion, producción y locución del podcast:  Manu Tomillo

Edición sonora del podcast: Daniel Gutiérrez

Producción ejecutiva del podcast: Elia Fernández