lunes, julio 22

La baja productividad española, el gran reto de la reducción de la jornada laboral | Economía

España no es un país especialmente productivo, si comparamos con otros países del entorno. Esto quiere decir que una hora de trabajo española produce menos valor económico que la de Francia, Italia o Alemania. Y la teoría dice que a mejor productividad del trabajo, más posibilidades tiene la empresa de rebajar la jornada laboral y más argumentos el empleado para exigirlo. Si se puede hacer más en menos tiempo, de nuevo en teoría, la empresa podría permitirse pagar el mismo salario por menos horas trabajadas. En los países desarrollados, la productividad del trabajo se fortalece gracias al avance de la tecnología y a las mejoras en la organización. Una vez más en teoría, es plausible una reducción de la jornada ordinaria de trabajo, por lo general establecida en 40 horas en Europa. Si prospera el acuerdo de Gobierno del PSOE y Sumar —que propone una reducción a 38,5 horas en 2024 y 37,5 en 2025—, España daría el paso antes que otros países en mejores condiciones para darlo. Lo que no excluye, apuntan algunos analistas, que no pueda permitírselo.

La cuestión de la productividad es recurrente en el debate económico español. Cuando los sindicatos reclaman mejoras en las condiciones de trabajo, es habitual que los empresarios recuerden que España no puede presumir de productividad por el bajo valor añadido de actividades como el turismo. Así lo atestiguan los datos de Eurostat, en uno de sus índices más ilustrativos al respecto. En él se indica la productividad media por hora trabajada en la Unión Europea con el número 100, de manera que los países por debajo de esta cifra son menos productivos y los que están por encima consiguen más valor en el mismo tiempo de trabajo. España se anota un 92, por debajo de la media y mucho mejor que Serbia (45,4), Grecia (56,9), Polonia (66,5) o Portugal (67,2), pero lejos de Francia (117,2), Alemania (121,8), Dinamarca (140,7) o Irlanda (216,5).

En estos países tan productivos se trabaja menos horas que en España en promedio. Es decir, no solo producen más por hora, además se hace en menos tiempo. Mientras que los españoles dedican una media de 37,8 horas a la semana a trabajar —algo más que la media europea, 37,5—, en Francia son 37,4, en Irlanda 36,9, en Dinamarca 35,4 y en Alemania 35,3. En paralelo, los países a la cola en productividad también son los que más horas semanales trabajan, como Serbia (43,3), Grecia (41) o Polonia (40,4).

Pero si cristaliza la promesa del PSOE y Sumar, lo que cambiaría es la jornada pactada, muy diferente a la jornada media. En ese aspecto, España se pondría claramente a la vanguardia en materia de derechos laborales. Según los datos de la OCDE, de los países que establecen una jornada ordinaria para el común de los empleados, en Europa solo Francia (35) y Bélgica (38) fijan tiempos inferiores a las 40 horas.

Hay otros países en los que esta figura (una jornada pactada global) no existe, como Alemania, donde queda al albur de la negociación colectiva en cada sector. Y esta derivada es clave, ya que aunque las 40 horas sigan siendo totémicas, la jornada media pactada en convenios sectoriales ya está por debajo en otros países, incluido España. Es decir, la propia negociación de sindicatos y trabajadores, sin movimientos legislativos, ha reducido la jornada pactada en los países más productivos, donde además los salarios más altos permiten una mayor parcialidad voluntaria. Esto también ha pasado en España, precisamente en sectores de alta productividad o en los que hay alta representación sindical.

“Uno de los objetivos de la reducción de la jornada”, indican fuentes del Ministerio de Trabajo, “es corregir la anomalía de cuatro décadas sin modificar la jornada legal en España. En todo este tiempo se ha producido una transformación intensa de nuestra estructura productiva, en las empresas y en los sectores: somos una economía abierta al exterior, más competitiva, con una mayor cualificación de las personas trabajadoras”. El departamento que dirige en funciones Yolanda Díaz considera que “la evolución del modelo y el incremento de la productividad son evidentes” y que ese avance no se ha trasladado a la normativa sobre el tiempo de trabajo. “Reducir la jornada a 37,5 horas es corregir esa anomalía, como han hecho ya en la práctica las empresas y los sindicatos”.

¿Por qué somos menos productivos?

María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, cree que España “no se puede permitir” esta contracción de jornada ordinaria. “Sí se lo pueden permitir países de productividad elevada, los que están en la frontera tecnológica, pero no España. Es inasumible”. En la economía española tienen un peso mayor al de otros países europeos actividades en las que las ganancias de productividad son más difíciles de conseguir. Es decir, lograr el mismo resultado en menos tiempo es más accesible en actividades creativas y tecnológicas que en un restaurante. “Hay sectores que van a turnos en los que no hay forma de darse más prisa. Habrá un grave incremento de costes”, añade Celia Ferrero, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Trabajadores Autónomos.

Como explicaba en un informe reciente el economista senior de CaixaBank Research Javier García, “una de las claves de la productividad radica en la calidad del capital humano de una economía”. Así, aquellas con mayor proporción de trabajadores formados, y que aprovechan ese capital en actividades de alto valor añadido, producen más por hora trabajada. “Existe un déficit significativo en el nivel de formación de los trabajadores y de los empresarios españoles con respecto al promedio de la eurozona”, dice.

A esto se añade la naturaleza de las empresas españolas, más pequeñas que en los países más desarrollados y, en consecuencia, menos productivas. “En España, alrededor del 35% de la ocupación está en empresas de más de 50 empleados, una proporción que se sitúa en el 66% en Alemania”, indica García. Y cuanto mayor es una compañía, más capacidad tiene para invertir en los factores que mejoran la productividad —modelos de eficiencia organizacional, marketing, valor de la marca, bases de datos, formación desarrollada internamente, software…—. Con datos de la OCDE sobre España, el valor añadido por trabajador en empresas de uno a nueve empleados es de 33.461 euros al año, mientras que en las que tienen más de 250 trabajadores es de 67.550. “Cuando hablamos sobre el futuro de la productividad en España es fundamental analizar el peso de la inversión en investigación y desarrollo en la economía”, añade García.

La patronal de las pequeñas empresas españolas, Cepyme, abunda en esta idea: “La baja productividad es uno de los problemas que aquejan a la economía española y que afecta especialmente a las empresas de menor dimensión. La productividad de las pymes acumula una caída superior al 7% en los últimos cinco años. En este contexto, plantear una reducción de jornada agrava la situación, especialmente entre las empresas de menor dimensión, que cuentan con menos recursos para hacer turnos o aumentar la contratación”. “Me preocupa”, dice Emilio Gallego, secretario general de la patronal Hostelería de España, “el efecto en la competitividad, en un mercado globalizado en el que nos enfrentamos a otros muchos destinos atractivos”.

Por ley o vía negociación colectiva

Este escenario de pequeñas empresas y actividades de bajo valor añadido (y por ello, plantillas con menos capacidad de presión) es el que, en opinión del líder de la UGT, Pepe Álvarez, justifica la necesidad de que la reducción de jornada se adopte vía ley. “Tenemos que ser conscientes de que España es un país de pequeñas y medianas empresas. Si no somos capaces de reducir el tiempo de trabajo por la vía legislativa, es prácticamente imposible que lo hagamos en negociación colectiva”, contestó este miércoles a una pregunta de este periódico. Cree que “todos los sectores productivos” de España “tienen margen” para afrontar una reducción de jornada: “La hostelería ha resistido un aumento de precios del 25%, lo que tiene un efecto mucho mayor que la reducción de jornada que se propone”. Para salir adelante la medida necesitaría el refrendo del Congreso, incluyendo el voto afirmativo de los partidos nacionalistas de derechas.

Uno de los argumentos principales de los defensores de esta política es que las horas trabajadas reales ya vienen cayendo históricamente, y que esta contracción normativa serviría para expandir esta realidad a los sectores que aún no la han implantado. Según los datos de OCDE, desde 1983 (cuando se rebajó la jornada laboral española de 43 a 40 horas) España ha pasado de 1.831 horas al año por trabajador a 1.643. Es decir, la jornada media ha caído sin cambios legales de por medio. La respuesta empresarial abraza precisamente este dato: en los sectores donde se podía hacer ya se ha hecho. Si es así no ha llegado muy lejos, ya que la estimación del Ministerio de Trabajo es que el cambio beneficiaría a 12 millones de asalariados, el 83,3% del total. Una parte de la reducción de estos años también se puede atribuir al alza de las jornadas parciales por la cada vez mayor participación en el mercado de trabajo de la mujeres (que siguen asumiendo la mayoría de los cuidados).

“Esta medida”, dice el coordinador de investigación del área laboral de Fedea, Marcel Jansen, “se adelanta a lo que es una evolución natural de la jornada. Donde se dan los estándares para que caiga la jornada lo hace. Por eso en países como Dinamarca o Alemania trabajan menos, ya que la productividad y los salarios son altos. Por eso los empleados se pueden permitir trabajar menos horas. En un entorno como el actual, con bajas tasas de paro e incluso falta de mano de obra, las empresas tienen incentivos para proponer mejores condiciones de trabajo”. Este especialista considera que no hay “argumentos solventes” para justificar que ahora mismo en España sea “conveniente, urgente o eficiente la reducción de horas lineales para todas las actividades”. Considera más prioritario asuntos como el “alto nivel de subempleo” (ocupados que querrían trabajar más horas y no lo consiguen).

Mari Cruz Vicente, secretaria confederal de Acción Sindical de CC OO, cree que “los sectores en los que la negociación colectiva funciona mejor son aquellos en los que se ha conseguido una reducción de jornada”. Según los datos de Trabajo, las actividades con más jornadas pactadas, incluso por debajo de 37,5 horas, son administración pública, banca y educación. El jefe de UGT considera que sin la reforma que plantean el PSOE y Sumar parte de esos trabajadores se acabarían viendo perjudicados, ya que una porción de la actividad de esos sectores acabaría siendo derivada a empresas con convenios de 40 horas. “La realidad de las empresas y de los sectores demuestra que es perfectamente posible reducir jornada sin perjudicar los beneficios de las empresas. Más aún, la reducción de la jornada es una oportunidad para impulsar la productividad, con una mejor organización del tiempo de trabajo”, añaden en Trabajo.

Cambio de modelo

Vicente denuncia el “presentismo” al que, dice, “están acostumbrados los empresarios de este país; hay fórmulas para hacer lo mismo en menos tiempo”. Coinciden fuentes del ministerio: “Si de algo peca nuestro modelo productivo laboral es de un exceso de presentismo, de prolongaciones de jornada que no son productivas. Menos horas mejor organizadas sirven para mejorar la productividad por hora trabajada”. La economista de Funcas rechaza este argumento: “Es algo fantasioso. Es imposible creer que las empresas están trabajando voluntariamente por debajo de su potencial. Si una empresa pudiera ser más efectiva o productiva ya lo sería, en un escenario tan hipercompetitivo como en el que nos encontramos”.

El profesor asociado de Economía Aplicada en la Universitat de València Joan Sanchis sí cree que hay margen para producir lo mismo en menos tiempo, pero aporta un matiz clave: sin un cambio del modelo productivo, es muy difícil que las políticas de contracción del tiempo de trabajo se asienten. “Nos interesa que nuestros actores económicos sean de mayor calidad. Del modelo dependiente de hostelería y restauración debemos hacer la transición hacia actividades de mayor valor añadido. Nos tenemos que preguntar si nos interesa seguir manteniendo este tejido productivo”, indica este economista, autor del libro Cuatro días (Barlin Libros), en el que analiza en profundidad el debate sobre el tiempo de trabajo.

Las estadísticas de empleo vienen registrando un acelerón de las actividades de alto valor añadido. Trabajo defiende que el despliegue de los fondos europeos y la pujanza de actividades como la energía verde están transformando el tejido productivo español. En las estadísticas se aprecia una evolución positiva de estos sectores, normalmente asociados a mejores condiciones laborales y salariales, pero el avance aún es moderado y el protagonismo sigue siendo de actividades poco productivas.

Sanchis defiende afrontar los debates sobre el tiempo de trabajo con una mirada más amplia, teniendo en cuenta el beneficio que una contracción de jornada tendría para el común de la sociedad y también la trayectoria histórica de las estadísticas. Según sus cálculos con datos de la OCDE, de 1990 a 2021 las horas trabajadas solo cayeron un 7% en España, pero la productividad del trabajo en dólares a precios constantes escaló un 28%. En el mismo periodo en Alemania las horas han caído un 13% y, sin embargo, la productividad del trabajo se ha acelerado un 50%. Muchos especialistas defienden que la mayor parte de esa ganancia ha repercutido en los márgenes de las empresas, y no en salarios (España acumula una pérdida del 7% del poder adquisitivo desde 2008) o en contracción del tiempo de trabajo.

En el ministerio que dirige Díaz defienden que “España no ha de competir con salarios bajos, sino con mayor productividad; el coste por hora de nuestro país está muy por debajo de las economías comparables a la nuestra. Salarios y jornada son los instrumentos esenciales para impulsar la productividad, con más inversión y más formación”. “Desde un punto de vista macroeconómico”, finaliza Sanchis, “nos interesa una transformación, salir de la precariedad absoluta. Lo digo mucho y puede parecer fuerte, pero si un bar no puede pagar salarios dignos ni aplicar jornadas razonables tiene que cerrar. Hay que generar los incentivos adecuados para ir hacia un modelo de mayor calidad, más estable y con mejores horarios. Necesitamos más tiempo libre”.

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