lunes, julio 22

La economía española creció un 0,5% en el segundo trimestre, una décima más de lo previsto | Economía

La economía se desacelera, pero levemente y manteniendo todavía unos ritmos bastante altos. En el segundo trimestre creció un 0,5% frente al 0,6% que dibujó en el primero, según los nuevos datos que ha publicado este viernes el Instituto Nacional de Estadística. Ambas cifras se han revisado al alza. Las tasas de crecimiento son ahora una décima superiores a las que había estimado previamente el INE en los últimos cuatro trimestres. Pese a la profunda desaceleración que están viviendo los socios comerciales de la eurozona, en plena subida de tipos y con el lastre todavía de la inflación, España consigue mantener el brío gracias al avance del consumo de los hogares, del empleo, del gasto público y de la inversión en construcción.

La desaceleración es más evidente al observar la tasa interanual, que baja del 4,2% registrado en el trimestre precedente al 2,2% anotado en el segundo. Esta ralentización en parte se produce como resultado lógico de que se haya agotado el rebote de la actividad tras la covid. Según los datos actualizados del INE, el turismo es un 20% superior al que había antes de la pandemia. Y el comercio, transporte y hostelería están un 5% por encima. “La economía está aguantando mejor de lo anticipado los efectos de la inflación y la subida de tipos, fundamentalmente por la resistencia del consumo privado”, señala Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas.

Con estos números se incorpora además a la contabilidad trimestral la revisión anual que había divulgado el organismo estadístico el lunes y que había aumentado el PIB un 1,3% hasta el cierre de 2022. Ahora, con la revisión trimestral, el PIB sube además dos décimas más de lo que se había estimado en la primera mitad de este año. Como resultado de estos cambios, la recuperación de los niveles prepandemia se produjo ahora en el tercer trimestre de 2022. Como explica Rafael Doménech, economista del BBVA, el PIB está ahora dos puntos por encima del nivel anterior al coronavirus: “En un extremo, el consumo público es 9,1 puntos superior al previo a la pandemia y, en el otro, la inversión se encuentra 1,8 puntos por debajo”, dice.

Pese a la mejora que ha tenido con la revisión del INE, el consumo de los hogares sigue siendo un punto inferior. Y son las exportaciones las que se han disparado casi nueve puntos, aunque las importaciones también han aumentado cerca de siete, algo que es normal, ya que cuando se elevan las ventas al extranjero también suben las compras al exterior de los insumos necesarios. En consecuencia, la exposición de la economía española al sector exterior es mayor que nunca.

Sin embargo, pese a esa mayor dependencia en un contexto de deterioro del comercio mundial, la actividad aguanta con vigor gracias a la demanda doméstica. Después del batacazo que sufrió entre octubre y diciembre del año pasado, el consumo de los hogares ha engordado un 0,3% en el primer trimestre y un 0,9% en el segundo, a pesar de los mordiscos que da la inflación acumulada y el impacto de las subidas de tipos en la carga financiera de las familias deudoras. También destaca el comportamiento del consumo público, que retoma su fuerte crecimiento con un 1,6% trimestral entre abril y junio tras haber retrocedido en el primer trimestre y haberse moderado en 2022.

El consumo privado en gran medida aguanta en la primera mitad del año por la trayectoria del empleo. El mercado laboral suma en los doce últimos meses 576.000 puestos de trabajo a tiempo completo, un incremento del 3,1% interanual. Además, el salario por ocupado se eleva un 5,4%. Fruto de estos dos factores, la remuneración total de los asalariados sube en el primer semestre del año en 27.000 millones de euros respecto a un año antes. Ese ha sido el colchón que ha permitido amortiguar las consecuencias de la inflación y las subidas de tipos y que explica en parte la resistencia que está mostrando por ahora la economía española.

“Casi toda la revisión del PIB ha ido a la remuneración de los asalariados, que queda 3,2 puntos por encima del nivel precrisis deflactadas con el deflactor del PIB, frente al excedente empresarial que se sitúa una décima por debajo. Los impuestos menos subvenciones suben 5 puntos”, indica Rafael Doménech.

Dicho esto, según un estudio de Fedea elaborado por Miguel Ángel García, el salario por trabajador ocupado a tiempo completo cae entre 2019 y 2022 un 4,8% una vez restado el IPC. Dado que a mitad de este año la inflación media ronda el 4% y los sueldos suben probablemente menos de un 5%, se ha podido compensar algo de esa pérdida. Pero aun así, esto implica que a pesar del aumento de la masa salarial, ha habido una disminución del poder adquisitivo de los salarios individuales. El incremento de la masa salarial viene en términos reales fundamentalmente por la mayor ocupación. A la luz de estos datos, la tasa de ahorro también puede estar descendiendo.

Cabe mencionar el comportamiento de la inversión en maquinaria y bienes de equipo. Esta cede un 1,8% en el trimestre, probablemente golpeada por la subida de tipos y la atonía exterior. A pesar de los fondos europeos y la implantación masiva de paneles solares, parece que no despega como debería. Y todo apunta a que su impacto puede estar siendo mayor en la inversión en construcción, cuyas tasas de crecimiento han sido del 1,6% en el primer trimestre y del 3,6% en el segundo. La licitación pública y las ayudas a la renovación de vivienda, financiadas ambas con los recursos comunitarios, pueden estar respaldando estas cifras. En cambio, las actividades inmobiliarias, perjudicadas por las subidas de tipos y la consiguiente caída de las compraventas, retroceden un 0,1% en el primero y un 3,1% en el segundo.

La industria manufacturera pierde un 1% entre abril y junio, quizás arrastrada por los problemas de la eurozona. Y la agricultura se desploma un 2,4 trimestral. Son los servicios de información, actividades financieras, profesionales, comercio y ocio los que muestran un buen tono.

Con la nueva serie trimestral del INE, el Producto Interior Bruto ya no traza ninguna recaída tras el brutal desplome que sufrió por la pandemia. En las anteriores estimaciones, el PIB retrocedía en el primer trimestre del 2021 y en el primero de 2022. Las oleadas de coronavirus, Filomena o la huelga de transportistas no consiguieron dejar en negativo esas cifras trimestrales.

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