lunes, julio 22

La economía española se modera, pero resiste el frenazo exterior al avanzar un 0,3% en el tercer trimestre | Economía

Más madera. La economía española ha vuelto a exhibir un tirón mayor que otras de su entorno. En un contexto complicado, creció un 0,3% trimestral entre julio y septiembre, a lomos de un mercado laboral que aguanta con sorprendente robustez y que tira con fuerza del consumo privado, según el avance difundido este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El ritmo de expansión se frena respecto al 0,4% que se registró en el trimestre anterior —y que a su vez el INE acaba de rebajar desde el 0,5% publicado antes—, una señal clara del enfriamiento que ya preveían los analistas. Pero la resistencia es meritoria. Muchos son los factores en contra: una elevada proporción de familias con hipotecas variables a las que les afectan las alzas de tipos; una inflación acumulada que todavía hace mella en el consumo; la restricción crediticia; el empeoramiento de las perspectivas de las empresas; una crisis industrial global; unos socios comerciales que solo logran crecimientos muy planos; la incertidumbre geopolítica… Y con todo, la actividad aguanta. La desaceleración se aprecia mejor al examinarlo en términos interanuales: el PIB engordó un 1,8% frente al 2% anotado en el trimestre precedente y el 4,1% que se dio entre enero y marzo.

Las explicaciones que dan los expertos para argumentar esta resistencia mostrada durante el último año son también muy variadas: la recuperación del turismo y la hostelería; los fondos europeos; el consumo público; los flujos migratorios; la menor dependencia del gas ruso; el mayor uso de renovables en plena crisis energética; unas exportaciones de servicios no turísticos que marchan muy bien aprovechando los costes laborales bajos; una importante devaluación salarial que ha podido ayudar a mantener la competitividad a pesar de las subidas de costes empresariales por cotizaciones, SMI o impuestos, y, como explica María Jesús Fernández, analista de Funcas, en los últimos trimestres empiezan a subir los salarios al mismo tiempo que se modera la inflación, lo que acompañado de un repunte del ahorro entre abril y septiembre ha dado más fuelle al consumo de las familias. En cualquier caso, el crecimiento del empleo se mantiene y suma en el último año 678.000 puestos de trabajo más medidos en jornadas de tiempo completo. Y mientras lo siga haciendo, el consumo tendrá un soporte.

Es más, entre julio y septiembre el consumo de las familias se disparó un 1,4% pese a todos los lastres a los que se enfrenta. Tras el hundimiento que se vivió a finales del año pasado, entre enero y marzo volvió a repuntar. Y en los dos siguientes trimestres, entre abril y septiembre, las compras de los hogares han mostrado un gran dinamismo. Además del comportamiento del empleo, influye decisivamente la moderación de los precios a la vez que los sueldos empiezan a crecer a ritmos en los que recuperan un poco del poder adquisitivo perdido. El consumo público también ha empujado con un incremento del 0,6% trimestral. En cambio, retrocede la inversión un 0,8%, arrastrada por la construcción. La inversión en bienes de equipo sí que remonta un 2%, pero sigue sin recobrar los niveles previos a la pandemia a pesar de la llegada de fondos europeos.

Las dificultades que atraviesan los socios europeos están haciendo bastante daño a las exportaciones españolas. Las de bienes ya estaban cayendo. Ahora pierden también las de servicios no turísticos. Y el turismo foráneo se hundió entre julio y septiembre. Así, el total de las ventas al exterior cedió un 4% trimestral. Si bien se ha visto algo compensado porque hemos dejado de comprar fuera: las importaciones bajaron un 3,1%. Aunque la industria ha descendido un 0,6% en el trimestre, la manufacturera avanza un 0,8% pese al empeoramiento del sector exterior.

Por ramas, la construcción se encogió un 0,6% trimestral. La agricultura continúa con su senda descendente. A todas luces, está contrayendo su tamaño en España, en parte lastrada también por las subidas de costes y del SMI. Por otra parte, los servicios sumaron un 0,9% trimestral: comercio, transporte y hostelería repuntaron levemente. Destaca cómo crecen los servicios financieros, beneficiándose de las alzas de tipos. También suben mucho información y comunicaciones, así como la administración pública. Y se dispararon las actividades de ocio coincidiendo con el verano. Por el contrario, cayeron con fuerza las actividades inmobiliarias y bajaron algo los servicios profesionales.

“Estos buenos datos presentan luces y sombras. Crece el empleo y la remuneración de los asalariados tirando del consumo privado. También crece el público. Sin embargo, el sector exterior deja de ser un motor en un contexto externo complicado, la inversión cede y la productividad solo sube marginalmente”, explica Rafael Doménech, economista del BBVA. La economía se expande sobre todo por el incremento de la población activa y del empleo, pero apenas avanza en términos per cápita como sería deseable. Los precios de producción, el llamado deflactor del PIB, aumentan un 6,1% interanual y ofrecen señales de persistencia en la inflación. Lo hacen por los costes laborales, que escalan en términos unitarios un 5,9%, lo que también afecta a la productividad. Pese a que el empleo sube mucho en ocupados, en horas lo hace muchísimo menos: solo repuntan un exiguo 0,1% trimestral debido a que la jornada media está sufriendo un batacazo del 2,3%. En definitiva, más trabajadores con menores horas por ocupado, sueldos algo más altos y menos productividad. Esta de hecho disminuye respecto a un año antes un 0,1% por hora trabajada y un 1,6% por puesto de trabajo a tiempo completo.

En estos datos de horas está pesando el aumento de las bajas y las vacaciones. El Banco de España ha señalado además que se está produciendo un cambio de fondo en el peso de los sectores que tiene importantes consecuencias en las horas: hay más servicios y más empleo público, en los que se dan menos horas trabajadas en promedio.

La remuneración de los asalariados engorda un 8,2% en el tercer trimestre en tasa interanual. Un 3,9% sube el número de asalariados y la remuneración media aumenta un 4,2%. Por su parte, el excedente de empresas y autónomos se eleva un 7.9%. Y los impuestos avanzan un 8,2%. Es decir, el valor añadido se ha repartido en proporciones similares.

Los indicadores conocidos antes de que el INE haya publicado estos datos han estado arrojando señales mixtas y contradictorias. Caen las ventas de grandes empresas al tiempo que suben las minoristas. La producción industrial y las encuestas de gestores se resienten. Las pernoctaciones aguantan por los foráneos y las licitaciones y visados apuntan cierto vigor en la construcción. Así las cosas, la Autoridad Fiscal por ejemplo esperaba un crecimiento del 0,1% en el tercer trimestre y un 0,2% en el cuarto. El Banco de España avisaba del debilitamiento de la economía durante la segunda mitad del año para recuperarse luego durante el 2024, conforme se van recobrando las rentas, mejora el comercio global y se despliegan los fondos europeos. El supervisor preveía un 0,3% para este trimestre. Y el BBVA, un 0,2%.

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