lunes, julio 22

Liga F: La huelga de las futbolistas y el SIMA | Fútbol | Deportes

Si no existiera el Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA) habría que inventarlo. Puesto que existe desde hace mucho tiempo, 1996, y puesto que en el mundo sindical y patronal de las relaciones laborales es de sobra conocido, solo falta darlo a conocer a la ciudadanía en general.

La reciente huelga de las futbolistas de la “primera división”, la Liga F, resuelta exitosamente con la decisiva intervención mediadora del SIMA, constituye una inmejorable ocasión para la puesta en valor de esta fundación pública más allá de su limitado radio de acción profesional.

El mundial de fútbol conquistado por la selección femenina española y el impresentable comportamiento del ínclito Rubiales en la celebración australiana del campeonato, torpemente empeorado por el mismo y su troupe en los días posteriores, han propiciado una singular “catarsis” de amplio espectro. Sin esa catarsis la huelga de las futbolistas no habría tenido tan elevados ecos mediático y político y el resultado seguramente habría sido otro. Sin esa catarsis no estarían las campeonas mundiales empeñadas en hacer valer ante la RFEF unos cambios y unas mejoras tanto tiempo postergados.

Y lo más importante de todo, sin esa catarsis no estaría interpelada toda la sociedad española, muy en particular los hombres, sobre todo los autoconvencidos de no ser machistas. Autopercibirse o no como machista es también una cuestión temporal y espacial, del tiempo y el lugar en el que uno vive, y lo sucedido desde el 20 de agosto de 2023, fecha de la final mundialista, sitúa a los hombres ante un espejo tan inesperado e incómodo como necesario de una vez por todas.

En semejante contexto transformador llegó al SIMA la huelga de las futbolistas de la Liga F y este no hizo ni más ni menos que interpretarse a sí mismo. Esta fundación pública, integrada por el Estado y las organizaciones sindicales (CC OO y UGT) y patronales (CEOE y CEPYME) más representativas en el ámbito estatal, configurada a partir del ejercicio responsable de la negociación colectiva en la cumbre (ASAC VI), está más que acostumbrada a mediar (y, en su caso, arbitrar) en multitud de conflictos laborales colectivos. Conflictos económicos de fijación y determinación de las condiciones laborales (salariales o no), que no pueden en ningún caso encontrar una respuesta en los tribunales. Y conflictos jurídicos sobre la aplicación e interpretación de las normas laborales, que sí pueden obtener una solución judicial, pero que siempre quedarán mejor atados, y durante más tiempo, cuando la solución la protagonicen los trabajadores y los empresarios, gracias muchas veces a la tarea mediadora del SIMA.

En el conflicto económico exteriorizado a través de la huelga de las futbolistas de la Liga F, los mediadores del SIMA hicieron lo mismo que en otras muchas discrepancias económicas, ayudar a las partes, mediante maratonianas jornadas de trabajo, a encontrar el siempre difícil punto de equilibrio. No estaba en cuestión el valor económico del trabajo de las futbolistas regidas retributivamente por convenio colectivo en lugar de por contrato de trabajo, sin duda superior al del salario mínimo profesional finalmente acordado: un fijo de 21.000 euros anuales para la temporada 2023-2024, con una posible variable adicional de 2.000 euros anuales. Estaba en juego algo mucho más complejo, la capacidad económica de los clubes de la Liga F para incrementar el salario mínimo de muchas futbolistas sin poner en peligro un negocio todavía incipiente, aunque con razonables expectativas de aumento exponencial de los recursos económicos en un futuro no muy lejano, en la línea de la experiencia inglesa.

Complejidad sabiamente interpretada por los cinco sindicatos (FutPro, AFE, Futbolistas ON, CC OO y UGT) convocantes de la huelga y por la patronal de los clubes de fútbol femenino (Liga F). Y complejidad leída con notable inteligencia por las propias futbolistas, sólidamente unidas tanto en el seguimiento y la alimentación de la huelga como en su desconvocatoria. En un escenario así el SIMA no podía fallar y una vez más cumplió de forma sobresaliente con su delicada función institucional.

Last but not least, sirva esta feliz actuación del SIMA para reivindicar el entero sistema de solución autónoma de conflictos laborales, en el que esta fundación pública solo es la cúspide, pensada para los conflictos territorialmente más amplios, los estatales. El SIMA convive desde el inicio con los correspondientes sistemas autonómicos, encargados de los conflictos laborales que no desbordan dicho ámbito, cuya inestimable labor conocen bien los trabajadores y los empresarios de los niveles local, provincial y autonómico. Uno de esos sistemas autonómicos (acaso todos potencialmente), el de Castilla y León, sobrevive a duras penas amenazado por la sinrazón de un partido político, Vox, que parece sentirse más cómodo con el pasado de las relaciones laborales que con el presente, temeroso quizá de colocarse frente al mismo espejo al que tarde o temprano tendrá que mirarse el ya dimisionario cocodrilo Dundee español.

Juan Bautista Vivero Serrano, mediador del SIMA y Catedrático de Derecho del trabajo en la Universidad de Salamanca.

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